«Identidad Prestada: Cómo el ‘Apadrinamiento’ Político le Quitó a Yucatán una Voz Propia para Imponer una Agenda Ajena»

En los pasillos del Congreso del Estado se comenta que hay una nueva puesta en escena, pero no es de teatro regional. La protagonista es nada menos que Clarita Rosales, la diputada que llegó de Tabasco con mucho ruido y pocas nueces, y que parece haber confundido la máxima tribuna del estado con un mercado de pulgas de su tierra natal.
El «Ataque de Celos» Institucional

Resulta casi cómico ver a Clarita intentando —sin éxito— demeritar el trabajo de la alcaldesa de Mérida. Con ese estilo tan «suyo», tirándole al arrabal y a la descalificación personal, la diputada ha decidido que su carrera política solo brillará si intenta apagar la luz de junto. Pero, ¡ay, Clarita! Una cosa es el grito y el sombrerazo, y otra muy distinta es la administración pública. Mientras una construye, la otra parece estar más preocupada por el color del huipil que por el presupuesto.

¿Ideología o Factura? El Misterio del Patrocinio

Su agenda legislativa es un collage de ocurrencias que, casualmente, siempre huelen a intereses externos. Hace unos meses, el teatro se le empezó a caer cuando una manifestante, con más verdad que prudencia, soltó la bomba: se dice que los fervientes esfuerzos de Clarita por promover el aborto no vienen de una convicción feminista, sino de un jugoso depósito de una farmacéutica. ¡Vaya sororidad! Si la propuesta no tiene sustento técnico, al menos parece que sí tiene sustento bancario.
Turismo Legislativo: «Me voy a México porque quiero»

Mientras los problemas de Yucatán se acumulan, el equipo de la diputada parece haber confundido su oficina con una agencia de viajes. Se les ha visto muy moviditos haciendo «arreglos» en la Ciudad de México, faltando a su responsabilidad en el recinto legislativo con una soltura que ya envidiaría cualquier guía de turistas. Al parecer, legislar para los yucatecos es algo que se puede hacer por control remoto… o simplemente no hacerse.

El «Encanto» que Destruye Hogares

Pero el plato fuerte, el chisme que tiene a todos con la boca abierta en el Congreso, es el nivel de manipulación que Clarita ejerce sobre el presidente del Congreso, Wilmer Monforte Marfil. Dicen las malas lenguas (y las buenas también) que la diputada tiene al «viejito» bajo un hechizo que nada tiene que ver con la política.

Lo grave no es solo que le mueva los hilos al Poder Legislativo a su antojo, sino que en su afán de poder, no ha tenido reparo en intentar dinamitar un matrimonio sólido. Parece que la agenda de Clarita es clara: si no puede construir un proyecto sólido para Yucatán, al menos se entretiene destruyendo la estabilidad de los demás.

Moraleja: Entre el oportunismo, el ausentismo y las malas artes, Clarita está logrando algo histórico: que hasta sus propios «cuates» empiecen a preguntarse si el regionalismo divisivo es lo único que tiene para ofrecer. ¡Pobre Yucatán, tan lejos de Dios y tan cerca de los caprichos de la Tabasqueña!





