La noche de ayer en el Callejón del Congreso no fue la celebración de las artes que el público esperaba, sino el síntoma de una patología institucional que parece haber infectado las salas de la Secretaría de la Cultura y las Artes (Sedeculta). Bajo la fachada de «estrenos simultáneos», lo que presenciamos fue la erosión de la propuesta plástica frente a la precariedad técnica y una alarmante carencia de rigor intelectual.
El Departamento de Artes Visuales: Entre la Clandestinidad y el Apagón Creativo
En la Galería del Teatro José Peón Contreras, el Departamento de Artes Visuales intentó disfrazar su falta de presupuesto y narrativa con una puesta en escena que pretendía evocar una atmósfera de «clandestinidad y vigilancia». Sin embargo, el espectador atento se sintió profundamente defraudado.

Lo que se anunció como una intención curatorial resultó ser una ausencia total de juego lumínico. No existe narrativa posible cuando la oscuridad no es un recurso estético, sino un refugio para la falta de creatividad. La iluminación es tan deficiente que la frontera entre una propuesta de «antropología queer» y un simple fallo en los fusibles de la Secretaría se vuelve inexistente.
Más grave aún es el tratamiento del erotismo. En lugar de una exploración sobre la semiótica del deseo, la muestra carece de la sutileza necesaria, arrojando al rostro del visitante una vulgaridad que no logra trascender el objeto ni elevarse a la categoría de símbolo.
Pinacoteca Juan Gamboa Guzmán: El «Evidencialismo» ante la Frialdad Lumínica

A pocos pasos, la Pinacoteca Juan Gamboa Guzmán ofreció un contraste técnico pero tropezó con los mismos vicios de montaje. La muestra Siegrid Wiese y Vlady: Coloquio de los pinceles presentó un concepto mixto de gran valor —incluyendo grabado, acuarela y piezas de diversos formatos—, pero falló en el elemento más elemental de la museografía: la atmósfera.
«El arte es amor, adhesión, comprensión y seducción». — Vlady.

A pesar de la profundidad discursiva, la falta de una luz cálida rompió la intimidad que estas piezas exigen. Aun así, la propuesta de Wiese sobresalió como un ejercicio de lucidez sensorial. Su corriente, el «Evidencialismo», propone un trazo que no se piensa, sino que se siente; un arte que no busca, sino que encuentra certezas en el color y la forma.
Conclusión: El Diálogo que se Pierde en las Sombras

Si bien el diálogo plástico entre Wiese y Vlady logró entretejer encuentros y desencuentros que resaltan la sensualidad y la técnica, el marco institucional no estuvo a la altura.
Puntos críticos de la jornada:
- Gestión de Recursos: Una evidente falta de presupuesto para montajes dignos que protejan la integridad de la obra.
- Curaduría Narrativa: La sustitución de la profundidad intelectual por conceptos superficiales de «vigilancia».
- Deficiencia Técnica: El descuido de la iluminación como herramienta fundamental de la experiencia estética.

La cultura en el estado no puede permitirse que la precariedad se convierta en el estilo predominante. El arte que «se siente» —como dicta el evidencialismo— necesita, por lo menos, ser visto.





