«Mercenarios de la tragedia: Cuando la inundación es solo una pose para el algoritmo.»

A una semana de que las intensas lluvias azotaran la capital yucateca, la emergencia climática ha dejado al descubierto las costuras de la política local. Lo que debió ser un llamado a la unidad y la gestión de crisis se convirtió, para el bloque de MORENA, en una pasarela de oportunismo digital y lucro con la necesidad de los sectores más desprotegidos.

Figuras como las diputadas Naomi Peniche (cuya experiencia se centra en la cosmetología) y Clara Rosales; los regidores Diego Carrera y Adrián Gorocica; así como el Diputado Federal Oscar Brito y Lynet Fernández, han encabezado una estrategia que raya en la incongruencia ética. Desde el inicio de las inundaciones, estos servidores públicos utilizaron la pobreza y la carestía de meridanas y meridanos como una bandera moral, no para construir soluciones, sino para reactivar su narrativa divisiva de «ellos los ricos contra nosotros los pobres», descalificando sistemáticamente a los opositores mientras la ciudadanía padecía los estragos del clima.
El agua como moneda de cambio político

La molestia de los meridanos no solo radica en la falta de propuestas de este grupo, sino en el método utilizado en el territorio. Hace apenas una semana, en el pico de las inundaciones, brigadas y liderazgos de MORENA fueron señalados por utilizar la contingencia como una «moneda de cambio» para recolectar datos personales de los afectados, condicionando u ofreciendo gestiones a cambio de padrones electorales simulados.

Esta «política de pantalla» y de escritorio, más preocupada por alimentar el algoritmo de las redes sociales y conseguir likes que por el bienestar real de las familias, ha sido calificada por los ciudadanos como un insulto, especialmente para quienes pasaron días con el agua a las puertas de sus hogares, lidiando además con apagones y desabasto de agua potable.
«Trabajo mata grilla»: La respuesta de Cecilia Patrón
Ante este panorama de show mediático, la alcaldesa de Mérida, Cecilia Patrón Laviada, lanzó un mensaje fulminante que apela al sentido común, al verdadero servicio público y que caló hondo en la oposición: «Trabajo mata grilla».

La postura de la alcaldesa no fue una frase hecha, sino un recordatorio de prioridades en una temporada de lluvias que exige atención de 24 horas, los 7 días de la semana. Mientras unos se dedicaban a encuadrar la cámara para su próxima campaña utilizando los encharcamientos como escenografía, la estructura municipal se concentró en el desazolve de rejillas, el bacheo emergente y la reactivación de servicios públicos en las colonias más afectadas.

El mensaje hacia los legisladores y regidores de la oposición quedó claro en el territorio: la ciudad necesita de todos, pero trabajando, coordinando esfuerzos y no montando espectáculos mediáticos que se evaporan en cuanto sale el sol.

Para quienes insisten en hacer de la necesidad ajena un botín político, la realidad los ha alcanzado. Al final del día, cuando el agua baja, las historias de celular desaparecen y lo único que queda a la vista de los meridanos es el trabajo acumulado. Y eso, ninguna grilla lo puede borrar.






