Crece apoyo ciudadano a iniciativa que prohíbe la acuicultura de octópodos
Mientras la fascinación global por la inteligencia de los cefalópodos gana terreno en las agendas legislativas del mundo, México se encuentra en una encrucijada histórica. Con más de 40 mil firmas ciudadanas que respaldan una iniciativa para frenar la cría industrial de pulpos, el país debate entre el falso progreso económico y la urgencia de proteger un equilibrio marino gravemente amenazado.
En febrero de este año, la senadora Maki Esther Ortiz Domínguez introdujo ante el Senado de la República un proyecto de ley para reformar la Ley General de Pesca y Acuacultura Sustentables, buscando prohibir la preengorda, engorda y cría de cualquier especie de cefalópodo en territorio nacional. De aprobarse, México se convertiría en el segundo país de América Latina en legislar al respecto, siguiendo los pasos de Chile y sumándose a una ola global de restricciones que ya incluye a estados norteamericanos como Washington y California.
El epicentro del debate: Sisal y la contradicción de la UNAM
A nivel internacional, México ocupa el tercer lugar en producción de pulpo. Sin embargo, este liderazgo esconde una realidad alarmante centrada en Sisal, Yucatán, donde opera la primera granja de pulpos del país —especializada en el pulpo maya— bajo el amparo de la UNAM y su brazo comercial, «Moluscos del Mayab».
Promocionada inicialmente como un proyecto innovador de conservación, investigaciones recientes de Mercy For Animals realizadas en 2026 han desvelado una cara muy distinta: confinamiento extremo, altos niveles de estrés animal y prácticas comerciales que priorizan la matanza de hembras tras el desove y la venta masiva de pulpos en etapas tempranas de desarrollo.
Para Carmen Quintana, Directora de Comunicaciones de Mercy For Animals Latinoamérica, esta industria representa una amenaza directa para la península: «Fomentar granjas industriales de pulpo en Yucatán no sólo ignora la compleja biología de estos seres, sino que impone una carga ambiental adicional a una región ya afectada por la industrialización. No podemos permitir que la explotación comercial bajo una falsa etiqueta de ‘conservación’ comprometa nuestro equilibrio ecológico».
Una tendencia global imparable
El rechazo a la acuicultura de pulpos no es un fenómeno aislado. En España, el ambicioso proyecto de Nueva Pescanova para criar un millón de pulpos al año colapsó tras no poder demostrar que sus instalaciones operarían sin causar daños ambientales irreversibles. La razón es clara: los pulpos son animales solitarios, altamente sensibles y complejos, cuyas poblaciones silvestres ya resienten los embates de la sobrepesca y el cambio climático.

Catalina López, Directora de la Aquatic Animal Alliance, subraya la urgencia de actuar: «Las personas están fascinadas por los pulpos, admiran su inteligencia y quieren protegerlos de una vida de confinamiento y sufrimiento en granjas industriales. Los gobiernos tienen ahora la oportunidad de escuchar este llamado y actuar antes de que la industria se expanda».
El costo invisible y el llamado a la acción
Impulsada por la coalición Pulpos Libres en México —liderada por la Aquatic Animal Alliance y el Aquatic Life Institute, con el respaldo de organizaciones como Animal Save Movement, Fundación Veg, Mercy For Animals y Te Protejo—, la exigencia ciudadana pone sobre la mesa no solo un dilema ético sobre la sintiencia animal, sino también serios riesgos ecológicos y de salud pública.
Mientras el proyecto legislativo aguarda la revisión de las comisiones senatoriales, el futuro de los mares mexicanos y de la costa yucateca depende de una decisión crucial: apostar por la preservación de los recursos naturales o permitir que la industrialización sacrifique el patrimonio marino en nombre del lucro comercial.
Para conocer más sobre la campaña y sumarse a la iniciativa ciudadana, se puede ingresar a la petición oficial en change.org/NoALasGranjasDePulpos.







