Mérida, Yucatán a domingo 8 de marzo del 2026— Bajo la sombra del monumento que rinde homenaje a quienes cruzaron el océano con una maleta llena de sueños, la comunidad del Club Libanés de Mérida conmemoró el Día Mundial del Emigrante Libanés. Fue una ceremonia donde el orgullo por el pasado se entrelazó con una profunda sensibilidad por el presente de su tierra natal.

El valor de la migración: De «puerta en puerta» al éxito

En un ambiente de respeto y solemnidad, el vicepresidente del Club, Pedro Alberto Rukos Hadad, recordó la valentía de aquellos que, a finales del siglo XIX, desembarcaron en el puerto de Progreso. Estos hombres y mujeres, conocidos por recorrer pueblos vendiendo mercancías de puerta en puerta, transformaron su perseverancia en negocios, familias y una sólida identidad que hoy es pilar de la vida económica y social de Yucatán.

«Agradecemos a México y especialmente a Yucatán por la hospitalidad que permitió a nuestros antepasados prosperar y echar raíces profundas», expresó Rukos Hadad.

Empatía ante la adversidad

La ceremonia no solo fue un ejercicio de memoria, sino un acto de empatía. Mientras se colocaba la ofrenda floral al pie del monumento, entre los asistentes se respiraba una conexión especial con el Líbano actual. La comunidad reafirmó que la fortaleza que permitió a sus abuelos sobrevivir y adaptarse es la misma que hoy mantiene viva la esperanza ante los conflictos que atraviesa el Medio Oriente.

El cónsul honorario, Ricardo Elías Dájer Nahum, recordó que esta efeméride nació precisamente de una petición de la comunidad en México, subrayando la responsabilidad de las nuevas generaciones de preservar los valores de trabajo y unidad, especialmente en tiempos difíciles.

Un homenaje musical y espiritual

El evento cerró con las notas de “De mar en mar”, del compositor Martín García Balam, una pieza que evoca el viaje y la nostalgia del migrante. Posteriormente, los asistentes se trasladaron a la Iglesia de Nuestra Señora del Líbano para una misa de acción de gracias presidida por el presbítero José David González Vadillo, uniendo a la comunidad en oración por la paz y el futuro de sus descendientes tanto en Yucatán como en su amada tierra libanesa.

La comunidad libanesa en Mérida sigue demostrando que, aunque el mar los separe de sus orígenes, el legado de esfuerzo y la solidaridad ante el dolor ajeno permanecen intactos.

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