En últimas fechas se han dado cambios en el equipo del Gobernador Constitucional del Estado Joaquín Dìaz Mena. Lo cual ha expandido el comentario de que estos llegarán al Sector Cultural, SEDECULTA; lo cual ha sido muy esperado dada la incapacidad que ha demostrado su Titular, Patricia Martín Briceño, así como su distanciamiento de la comunidad artística.

Si bien, aparentemente se han realizados eventos que parecen contribuir a difundir y promover el arte en Yucatán, la Dependencia a marcado un camino a la estratificación social, es decir generar un abierto apoyo a una jerarquía de posiciones que son desiguales en cuanto a poder, propiedad y evaluación social; ejemplo de ello es la abierta injerencia de personalidades extranjeras y foráneas con posibilidades económicas suficientes para comprar voluntades y su intrusión en la toma de decisiones de la vida cultural del Estado, hasta el grado de estar en probabilidad de que le sea entregada a una extranjera de origen francés, para su manejo del inmueble llamado actualmente Casa de la Cultura del Mayab “Leopoldo Peniche Vallado”. Lo cual nos lleva al daño a nuestra identidad cultural, así como a una desigualdad social en el sector artístico, generando más vulnerabilidad en detrimento de su bienestar.
La colonización cultural es un proceso mediante el cual una cultura dominante impone sus valores, creencias y prácticas sobre una cultura subordinada o local, que en este caso es la comunidad artística yucateca, afectando nuestra identidad y autonomía, lo que se contrapone a la política del Señor Gobernador del “Renacimiento de la Cultura Maya”. Lo cual es demostración de la incapacidad de la Titular de la SEDECULTA queda al descubierto, y denota una falta de transparencia en su actuación, lo cual es motivo suficiente para su salida de la Dependencia.
El esperado cambio o relevo institucional en SEDECULTA sería benéfico sin duda alguna, y en el cual destacan personalidades con experiencia administrativa y de gestión en el sector cultural, con conocimiento del ámbito artístico local, así como con cercanía a la propia comunidad artística yucateca como: Irving Berlìn Billafaña, Domingo Rodríguez Samerena, Rafael Pérez y Pérez, Loreto Villanueva Trujillo o María Teresa Mézquita Méndez, quienes tienen destacadas trayectorias en este campo.
A lo que solo nos restaría solicitar que, de darse en necesario y muy esperado cambio, quien sea designado, tenga una apertura y una visión no sectorizada, ni partidista, ni clasista de los actores culturales en cuanto a la conformación de su equipo de trabajo, así como “limpiando” a los que se han enquistado en la Dependencia y que han generado cotos de poder, es decir que ante la falta de conocimiento y capacidad de las titulares han logrado una gran influencia negativa, incidiendo en la toma de decisiones; y que se priorice a las personalidades con conocimiento y capacidad pertenecientes al ámbito local, es decir, yucatecos. Solo así podremos construir un futuro que respete y celebre la diversidad cultural, al mismo tiempo que abraza la innovación y el progreso de nuestro sector cultural sin desestimar nuestra identidad.





